“El objetivo de la predicación (y de la Biblia) es la fe, esto es, un atesoramiento de Cristo como valioso por sobre todas las cosas, dado por el Espíritu.” John Piper

Ojalá predicásemos siempre con ese objetivo en mente, que nos dedicásemos a lograr eso: la gloria de Dios por sobre todas las cosas y a mostrar a los distintos rebaños o feligreses la grandeza de Dios, y como podemos encontrar nuestro gozo en El.

Ese debería ser el tema de nuestras predicas no todo el humanismo, secularismo y positivismo; la psicología, motivación y autoayuda que se da estos días en los pulpitos. Hoy se habla más de política y de la crisis mundial que de Cristo. Pareciera ser que para los predicadores Cristo ya no es importante, dejo de ser relevante, ya no es suficiente. No necesitamos ser motivados, no debemos ser psicoanalizados por la persona de turno, no queremos ser auto-ayudados; necesitamos el evangelio para tener esperanza, para gozarnos: esas buenas nuevas que dan sentido y valor a nuestra vida; esa verdad suprema que es el centro de la vida misma!

Si de motivación se trata hay excelentes libros escritos por humanistas: “Quien se llevo mi queso”, “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, “Fish”, entre otros. Los he leído todos en mi época de universidad, muy buenos, excelentes motivadores; terminas el libro y sentís que te comes el mundo, que nadie puede contra vos…pero, eso no se satisface, no te hace feliz, es pasajero. Solo Cristo tiene el poder de llenar nuestras vidas, de darnos valía y esperanza en El. Nuestro gozo será completo cuando lo tengamos a Él como fuente de gozo.

Hay muchos humanistas y escritores en estos días, no queremos más de lo mismo al ir a la iglesia, queremos ver a Cristo y a este exaltado y magnificado. Queremos conocer más de Dios y de su grandeza para poder amarle y a pesar de que las circunstancias estén difíciles a nuestro alrededor saber que solo en El estamos seguros y si le tenemos a Él es suficiente.

Como personas que tenemos el privilegio y responsabilidad de predicar la palabra de Dios debemos saber que Cristo no es un negocio, que la iglesia no es un auditorio, que no es un concierto pagado para llegar a aplaudir al orador/actor/cantante; que no es un circo donde debemos entretener a la gente. NO! La iglesia es la congregación de los redimidos, los santos de Dios lavados con la sangre del Cordero. Y en este lugar y ante la presencia de sus elegidos, Cristo debe ser el cómo, el cuándo y por qué; El debe ser el centro de nuestras reuniones, a Él solamente debe darse culto, y solo así encontraremos paz, gozo y llenura del Espíritu Santo. Solo así queridos hermanos, no con motivaciones humanas, no con chistes o “patanadas”, no con rifas y conciertos, no con oratorias y psicoanálisis.

El que predica no es un profesional, es un siervo de Dios. Tenemos la obligación de hablar al pueblo de Dios todo el consejo de la Escritura, no solo un par de versículos “agradables”.

Que la cruz de Cristo sea el centro de nuestra enseñanza, que la gloria de Dios sea la razón por la cual evangelizamos y cantamos y nos reunimos. Que las verdades gloriosas del evangelio hagan mella en nuestros corazones y vivamos una vida entera en profundo agradecimiento con Dios y que con suma devoción y dedicación proclamemos a Cristo. Que procuremos predicar a Cristo solamente en nuestros pulpitos, y que con nuestra vida misma prediquemos sin hablar acerca de aquel que es todo en todo, que tiene el control de todo y merece todo! Que al exponer la palabra de Dios tengamos como único objetivo que Cristo sea magnificado en los corazones de quien nos escuche.

Los dejo con un comentario que me hizo mi muy buen amigo Roberto Salazar, mejor conocido como “Pío”: “…hoy en día el cristiano no aguanta oír sana doctrina, decidiendo omitir ciertos atributos a conveniencia que también muestran la gloria de Dios, buscando bendiciones y recetas del éxito…se predica a un Dios Santa Claus y a un Jesús “the nice dude” (“el tipo buena onda”); tenemos el atrevimiento de pensar que todo lo hizo para el hombre, cuando es al revés, El nos hizo para su gloria.”

“Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los cree, los formé y los hice.” Isaías 43:7

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” 1 Cor. 10:31

Que Dios te bendiga y que su gracia sea contigo esta semana.

Un abrazo grande!

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