Por Juan Sale *

cross & worshipNuestra búsqueda de avivamiento debe estar siempre basada en la oración, ya que en ella reconocemos a Dios no solamente como la fuente de avivamiento sino también como Dios soberano; Él es quien está en los cielos y procede como quiere (Sal. 115:3). Un avivamiento no es algo que lo puedan producir ni la voluntad ni las manos humanas; es algo que solamente Dios puede proveer de acuerdo a su propia buena voluntad.

TODO LO BUENO VIENE DE DIOS
Cuando el rey David guió al pueblo del pacto a juntar las ofrendas y recursos necesarios para edificar el templo, alabó a Dios con estas palabras: «Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos» (1 Cr. 29:10-12). Si esto es cierto acerca de las cosas materiales, cuánto más lo es en cuanto a las bendiciones espirituales.

Cuando el cristiano ora, le está pidiendo y agradeciendo a Dios por cosas que están a disposición de otros. Oramos porque reconocemos que Dios es el autor y fuente de todo lo que tenemos o esperamos. J.I. Packer lo resume de esta manera: «La oración del cristiano no es un intento de forzar la mano de Dios, sino un reconocimiento humilde de impotencia y dependencia. Al estar de rodillas reconocemos que no controlamos el mundo; no es por medio nuestro, por lo tanto no podemos suplir nuestras necesidades por medio de esfuerzos propios; todo lo bueno que deseamos para nosotros mismos y para otros debe ser pedido a Dios y vendrá, si es que viene, como regalo de sus manos».

DIOS ESTÁ EN CONTROL
oracionpersistentechurchCuando la iglesia pregunta, «¿para qué orar, si Dios está en control y sabe todas las cosas?» es suficiente contestar, simplemente, señalando los muchos y explícitos mandatos al pueblo de Dios para orar, que hallamos en las Escrituras. Eso es suficiente. Aún más, existe la maravillosa disposición de que la iglesia comprenda esta gran verdad y que, por esa razón, sea inmensamente estimulada a seguir a Dios en la gran tarea y privilegio de la oración y, más específicamente, en la de orar por un avivamiento. Además, es importante examinar cuidadosamente nuestra opinión referente a la oración y al avivamiento para asegurarnos que estén en armonía con las enseñanzas de las Escrituras.

Es muy común creer que podemos dirigirnos a Dios para pedirle algo que anhelamos y esperar que Él nos lo conceda. Si oramos con fervor y fe, Él debe contestar. Alguien dijo que esta manera de acercarnos «…es de lo más deshonrosa y degradante; es como convertir a Dios en nuestro ‘botones’ cósmico, que cumple nuestras órdenes, realiza nuestra voluntad y concede nuestros deseos».

Por el contrario, la oración consiste en acercarnos a Dios con todo deseo ferviente y fe para expresarle nuestra necesidad, entregándonos a Él y dejando que Él resuelva aquello que le hemos pedido de la manera que considere mejor en su sabiduría y amor. Aun el Señor Jesús oró en el jardín de Getsemaní, estando profundamente afligido y angustiado: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mt. 26:39).

Espere la segunda parte de esta reflexión el día sábado 5 de octubre.

Un abrazo grande, Josh

* Juan Sale es presidente de Reformation and Revival, Inc. (Reforma y Avivamiento), y pastor de una iglesia en Illinois, EE.UU.

P.D. Les dejo la recomendación semanal de libro “Preaching and Preachers” de David Martyn Lloyd-Jones