Dios no decretó que sucedieran las cosas porque sabía de antemano lo que ocurriría. Eso no sería tan impresionante de un Dios supremo, sería de esperarlo. Un grupo notable de teólogos afirmó ya hace varios años que “a pesar que Dios sabe lo que puede pasar en todas las condiciones supuestas, Él no ha decretado nada porque lo previó como futuro, o como algo que sucedería en base a tales condiciones”[1]. En lugar de ello, “el decreto resulta de la libre y soberana voluntad de Dios”[2]. Robert H. Lescelius cita a James concluyendo como sigue:

Entonces el significado Bíblico de presciencia es equivalente a predestinación, ambos describiendo el mismo acto, uno enfatizando el elemento de conocimiento y el otro de voluntad. Decir que Dios hizo una decisión basada en Su previsión significaría que hubo un momento de indecisión. Esto, por supuesto, sería contrario a la naturaleza de Dios y al hecho Bíblico que el decreto es eterno. Por ende, el decreto de Dios es desde la eternidad pasada y el producto de Su conocimiento y voluntad.[3]

Esto ha sido motivo de debate por generaciones pero la Biblia es clara al respecto. Pablo, en Ef 1:11, lo dice así: “…habiendo sido predestinados según el propósito de aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad”. Con esto no quiere decir de forma implícita que el hombre no sea responsable y que no pueda elegir hacer lo que hace.[4] Dios es soberano y el hombre es responsable, ¡bendita paradoja! Él decretó en base a Su voluntad y sabio consejo, no en base a Su conocimiento previo, como muchos lo interpretan. Eso es posible sólo cuando tenemos un Dios soberano y todo poderoso. Ap. 4:11b dice lo siguiente: “porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”. No sólo es el Creador sino que activamente hace que todo siga funcionando y cumpliendo Su propósito para Su gloria. Si Dios no fuera soberano y todo poderoso no podría decretar Su plan para la humanidad ni tampoco obrar providencialmente para asegurar el cumplimiento del mismo. La buena noticia, es que Él sí puede. Él es todo eso y mucho más.

 


[1] The Confession of Faith: Agreed Upon by the Assembly of Divines at Westminster, with the Assistance of Commissioners from the Church of Scotland, as a Part of the Covenanted Uniformity in Religion Betwixt the Churches of Christ In the Kingdoms of Scotland, England, and Ireland, 27.

[2] Klooster, Evangelical Dictionary of Theology, 328.

[3] Robert H. Lescelius, “Foreknowledge: Prescience or Predestination?” Reformation & Revival Journal 12, no. 2 (Spring 2003): 36-37.

[4] D. A. Carson et al. eds., New Bible commentary: 21st century edition, 4th ed. (Leicester, England; Downers Grove, IL: Inter-Varsity Press, 1994), 1225.

 

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