Seguimos hablando de si Dios está en control de todas las cosas. En las entradas anteriores hablamos acerca de los decretos de Dios y la base de esos decretos. En esta serie queremos responder en última instancia si Dios está en control de todas las cosas, incluyendo el mal. Es por ello que es vital que hablemos del problema del mal o la maldad.

El teólogo Millard J. Erickson ha dicho de la maldad que es “probablemente el reto intelectual más difícil de la fe cristiana”[1]. De hecho, tal parece que mentes brillantes como Agustín y Aquinas, entre otros, no pudieron dar por cerrado el tema.[2] Es un tema espinoso al que los ateos y los que quieren justificar su pecado usualmente se avocan: “El necio ha dicho en su corazón: No hay Dios” (Sal 14:1a). Algunos teólogos diferencian entre la voluntad perfecta y la voluntad permisiva de Dios.[3] La voluntad perfecta o efectiva habla acerca del bien moral, la voluntad permisiva habla del mal moral que está en las acciones pecaminosas. [4] Ambos hacen referencia a los decretos de Dios. Se amplía más de este mal moral a continuación.

Hay dos tipos de maldad: 1) el mal natural, que es independiente del obrar humano (fuerzas de la naturaleza: tornados, terremotos, etc.); y 2) el mal moral, que es debido a lo que hacen los seres humanos (guerra, esclavitud, etc.).[5] Las enfermedades, por ejemplo, podrían ser como consecuencia natural aunque gran parte de ellas vienen como consecuencia del pecado. Gerstner lo explica así:

El mal es lo malo (mal moral) o lo dañino (mal natural). El mal natural, aunque distinto del mal moral, no está separado de él. Según la Biblia, el mal natural es la consecuencia del mal moral… Así, la Biblia representa a Dios como permitiendo el mal moral y su consecuencia, el mal natural, y restaurando a algunas personas a un estado de bondad moral y bienaventuranza natural… todo esto para revelar Su poder en vasos de ira, así como no menos Su gracia en vasos de misericordia.[6]

Ryrie dice que “el hombre fue creado con libertad genuina, pero que el ejercicio de esta libertad en rebelión en contra de Dios introdujo el pecado a la raza humana”[7].

Los dejo pensando un rato en lo que acabamos de hablar. Seguiremos con más entradas de esta serie el próximo lunes. ¡Hasta entonces!

 


[1] Millard J. Erickson, Christian Theology, 3rd ed. (Grand Rapids: Baker Academic, 2013), 383.

[2] Ibid., 386.

[3] Shaw, The Reformed Faith: Exposition of the Westminster Confession of Faith, 85.

[4] Ibid.

[5] Erickson, Christian Theology, 385.

[6] John H. Gerstner, Diccionario de Teología, ed. revisada, ed. Everett Falconer Harrison (Grand Rapids: Libros Desafío, 1999), 327.

[7] Charles Caldwell Ryrie, Basic Theology: A Popular Systemic Guide to Understanding Biblical Truth (Chicago, IL: Moody Press, 1999), 49.

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