Otro de los Padres Apostólicos fue Ignacio, quien fue obispo en la ciudad de Antioquía.[1] Sirvió en esta iglesia en el segundo siglo.[2] Antioquía estaba en Siria y vale mencionar que era la “tercera ciudad más grande en el Imperio Romano”[3]. Fue en esta ciudad donde se les llamó cristianos a los tales y Pablo mismo había predicado ahí y visitado muchas veces.[4] En este entonces los cristianos tenían muy mala reputación y se les acusaba de sublevarse al imperio y de ser hasta caníbales.[5] En esta época le tocó vivir a Ignacio y se caracterizó por ser un excelente testigo de Cristo que buscó la verdad a toda costa.[6] Dowley dice de él que “era un tanto neurótico, dado a ideas fuertes y un lenguaje enérgico”[7].

Ignacio nació en el año 35 d.C. y murió en el 107 d.C.[8] Él era “conocido también como Teóforo–que quería decir ´uno que tiene a Dios´”[9]. Schaff nos dice que el mismo se nombró de esta manera ante Trajano al ser cuestionado por su fe.[10] Esto definitivamente fue después de su conversión ya que como Pablo en su vida pasada, persiguió a la iglesia. Sin embargo, fue alcanzado por la gracia de Dios y se cree que fue discípulo de los apóstoles quienes vieron en él un futuro como obispo debido a sus múltiples talentos y piedad.[11] Algunos dicen que fue discípulo de Juan.[12] Eventualmente vino a ser el único pastor de la iglesia, fue el primero de este tipo ya que antes era un grupo de ancianos.[13] Él escribió respecto de la sujeción a un obispo en la iglesia local, aunque nunca asumió que se tenían que someter todas las iglesias a él.[14]

Al final de su vida fue capturado y mientras era llevado a ser ejecutado escribió varias cartas y fue recibido por Policarpo y otros pastores.[15] Escribió siete cartas a las iglesias en pro de la unidad y rechazando herejías concerniente a la naturaleza de Cristo.[16] Escribió las cartas a las iglesias mientras iba cautivo hacia Roma: Éfeso, Trales, Magnesia, Roma, Filadelfia, Esmirna y una carta personal a Policarpo.[17] Estas cartas constituyeron posteriormente lo que se llamó “Corpus Ignatianum”, y no se suponen que tengan doctrina sólida ni la base de su teología ni nada por el estilo; son cartas escritas de prisa.[18] Recordemos que Ignacio iba como prisionero, resguardado por varios guardias, pasando de ciudad en ciudad. Estaba además con cadenas y no tenía necesariamente las mejores condiciones para escribir. Escribió sus pensamientos finales de manera presurosa, sin preparación y no con la intención de instruir a la iglesia sino que dar testimonio de Cristo y su deseo de entregar su vida por amor a aquel que lo había salvado. Este grupo de cartas fueron escritas alrededor de quince años después de las de Clemente y, como Clemente, expresa el deseo de unidad dentro de la iglesia y el sometimiento a las autoridades.[19] Ignacio escribe en tono suave a las otras iglesias, pero con cierta autoridad, sin embargo cando escribe a la iglesia en Roma lo hace con más respeto y pide oración entre otras cosas.[20]

Ignacio fue condenado a muerte entre los años 110 y 116; murió en Roma devorado por los leones.[22] Es interesante que en una de las cartas que escribió pide explícitamente no evitar que fuese un mártir.[23] Esto hablaba mucho de su carácter y de su lucha por la verdad. Ignacio era tan apasionado que “no estaba personalmente satisfecho, hasta que fuese tomado por digno de sellar su testimonio con su sangre”[24]. Antes de morir dijo la famosa frase:

Soy el trigo de Cristo; voy a ser molido con los dientes de fieras salvajes para que pueda ser hallado pan puro[25].

Ignacio escribió bastante y sus escritos fueron recopilados y almacenados por Policarpo y Eusebio. Escribió acerca de un único obispo en la iglesia, acerca de la unidad de la iglesia, del matrimonio, de Cristo y su encarnación, entre otras cosas.[26] En sus cartas escritas en su camino a Roma básicamente enlaza el hecho de garantizar la unidad por medio de tener un único obispo o pastor.[27] Vió esto como indispensable también para “evitar divisiones en la iglesia y para asegurar que las creencias correctas fueras preservadas”[28]. Esto, sin embargo, no quiere decir que estaba en lo correcto ni que era Bíblico. Lo mismo con otras cosas que dijo. También afirmó la soberanía de Dios por sobre todas las cosas, aceptó la doctrina de la corrupción radical del hombre, de la elección soberana de Dios y la perseverancia de los santos.[29] A él se le acredita haber sido el primero en referirse a la iglesia como católica.[30] Recordemos que la palabra “católica” quiere decir “universal”. Su posición en cuanto a estos temas dio origen o al menos propició que se comenzase a hablar de doctrinas que ahora la iglesia católica tiene como dogmas y que de ninguna manera son Bíblicas. Él condenó a los Docetistas ya que estaban llevando sus ideas a Asia Menor, puso un alto valor en la comunión en pro de la unidad y creía que tenía el don de la profecía, aunque de manera inferior que los apóstoles.[31] En definitiva era un hombre influyente y peculiar, era apasionado y murió gustosamente por amor a su Maestro. Hay mucho que aprender de él pero también hay que tener cuidado de filtrar todo a través de las Escrituras. Él no era la voz autorizada. Sólo la Escritura tiene esa función y debemos dejar que ella guía nuestro camino.

 


[1] Vos, Breve Historia de La Iglesia Cristiana, 15.

[2] Dowley, Introduction to the History of Christianity, 79.

[3] Lawson, Pillars of Grace, vol. 2, 63.

[4] Ibid., 24.

[5] Ibid., 61-63.

[6] Ibid., 63.

[7] Dowley, Introduction to the History of Christianity, 79.

[8] McGuckin, The Westminster Handbook to Patristic Theology, 177.

[9] Lawson, Pillars of Grace, vol. 2, 63.

[10] Schaff, History of the Christian Church, vol. 2, 48.

[11] Lawson, Pillars of Grace, vol. 2, 63.

[12] Schaff, History of the Christian Church, vol. 2, 48.

[13] Lawson, Pillars of Grace, vol. 2, 63.

[14] Vos, Breve Historia de La Iglesia Cristiana, 15.

[15] McGuckin, The Westminster Handbook to Patristic Theology, 177-78.

[16] Vos, Breve Historia de La Iglesia Cristiana, 15.

[17] Needham, 2,000 Years of Christ’s Power. Part One: The Age of the Early Church Fathers, 59.

[18] Lebreton and Zeiller, The History of the Primitive Church, 420-21.

[19] Ibid., 421-22.

[20] Ibid., 422.

[21] Ibid., 421.

[22] Schaff, History of the Christian Church, vol. 2, 47.

[23] McGuckin, The Westminster Handbook to Patristic Theology, 178.

[24] Schaff, History of the Christian Church, vol. 2, 48.

[25] John Foxe, El Libro de Los Mártires: Una Historia de Las Vidas, Sufrimientos y Muertes Triunfantes de Los Cristianos Primitivos y de Los Mártires Protestantes (Terrassa, Barcelona: Editorial Clie, 1991), 29.

[26] McGuckin, The Westminster Handbook to Patristic Theology, 178.

[27] Needham, 2,000 Years of Christ’s Power. Part One: The Age of the Early Church Fathers, 59.

[28] Dowley, Introduction to the History of Christianity, 79.

[29] Lawson, Pillars of Grace, vol. 2, 66-68.

[30] Vos, Breve Historia de La Iglesia Cristiana, 15.

[31] Dowley, Introduction to the History of Christianity, 79.

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