Seguimos un lunes más con este tema que nos ha ocupado las últimas semanas (los lunes estamos viendo este tema y los jueves estamos hablando acerca de la historia de la iglesia). Espero que si han seguido la serie, hayan podido meditar en lo que Su Palabra nos dice con claridad. Es importante meditar en estas verdades. Si no la han seguido, los invito a leer los posts anteriores.

¿Está Dios en control de todo? ¿Es el hombre responsable de sus acciones?

Este debate es realmente una paradoja[1]. Enfatizar algo más que lo otro siempre nos llevará a un error inminente. Al ser una paradoja, es lógico que ambas realidades son verdad. Como seres humanos no siempre podemos entender todo, más y cuando se trata de Dios. Las Escrituras son claras respecto de ambas y muchas veces es mejor decir: “tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; es muy elevado, no lo puedo alcanzar” (Sal 139:6). Edwards y Hesselink nos dicen lo siguiente con claridad:[2]

Es totalmente un resultado de la gracia soberana de Dios, sin embargo estamos involucrados totalmente… debemos ´trabajar (en español, cuidar)´ lo que Dios en su gracia ha ´trabajado´. Así que la soberanía y la responsabilidad humana se encuentran una y otra vez en la vida de los redimidos.[3]

Boyce lo pone así:

Las Escrituras reconocen tanto la soberanía de Dios, como la libre agencia y responsabilidad del hombre. La conciencia nos da certeza de esto último. La naturaleza de Dios, como se ha mostrado, prueba lo primero. La Biblia no hace intento alguno de reconciliar los dos. Pablo incluso declina discutir el tema, diciendo: “Al contrario, ¿quién eres tú, oh hombre, que le contestas a Dios?” Ro 9:20. Los dos hechos están plenamente revelados. No pueden ser contradictorios, deben ser reconciliables. El hecho que no podamos señalar la harmonía entre ellos es una prueba, solo de nuestra ignorancia, y capacidad limitada, y no que ambas no sean ciertas.[4]

Por un lado vemos que Dios predetermina todas las cosas. En Hch 2:23a, respecto de la muerte de Jesús, dice que “a éste, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios”. Por el otro lado, vemos en el mismo pasaje (Hch 2:23b) que enfatiza la responsabilidad de los hombres: “(lo) clavasteis en una cruz por manos de impíos y le matasteis”. Vemos que la Biblia, como bien dijo Boyce, no explica más al respecto. No es su intención hacerlo. Nos deja con la paradoja o antinomia, asumiendo ambos puntos como verdad. Aunque la soberanía de Dios parezca contradecir la responsabilidad del hombre, no es así, aunque no entendamos.[5] Otro pasaje donde vemos claramente la paradoja es en Hch 4:27-28:

Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste, para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera.

El hombre es el que finalmente hace las acciones y por lo tanto es responsable. Sin embargo, Dios está en control y sus propósitos se cumplen siempre (Pr 16:9): “Yo sé, oh Señor, que no depende del hombre su camino, ni de quien anda el dirigir sus pasos” (Jer 10:23). John Flavel concluye un párrafo hablando de esto diciendo que “toda la gente en el mundo siempre cumple los propósitos de Dios, aún y cuando no quieran hacerlo”[6].

No debemos intentar reconciliar estas dos verdades ya que ambas son ciertas. Dios ha decretado que todo acontezca y el hombre debe responder por sus acciones.[7] Nuestras mentes finitas no pueden entender a Dios ni sus propósitos (Is 55:9). El hombre hace el mal, y es responsable; pero esto no hace más que cumplir la voluntad soberana de Dios.[8] Más vale que cómo Pablo, adoremos en vez de cuestionar: “¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Ro 11:33).

¡Hasta el próximo lunes!

 


[1] Ryrie le llama “antinomia”. Ryrie, Basic Theology: A Popular Systemic Guide to Understanding Biblical Truth, 49.

[2] A pesar que hablan puntualmente de la salvación se considera oportuno su conclusión puesto que la salvación es también la voluntad de Dios y parte de Su decreto.

[3] Hesselink, “Sovereign Grace and Human Freedom,” 20.

[4] James P. Boyce, “A Doctrinal Study: The Decrees of God,” Founders Journal Fall 2001 (October 1, 2001): 25.28. Christian Periodical Index, EBSCOhost, viewed 18 April 2016.

[5] Ryrie, Basic Theology: A Popular Systemic Guide to Understanding Biblical Truth, 49.

[6] John Flavel, El Misterio de La Providencia (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2005), 11.

[7] Shaw, The Reformed Faith: Exposition of the Westminster Confession of Faith, 85-86.

[8] A. W. Tozer, El Conocimiento Del Dios Santo (Miami, FL: Editorial Vida, 1996), 122.

 

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